Viapraetoria

Africanus, el hijo del cónsul. Un comentario histórico.


AFRICANUS. EL HIJO DEL CÓNSUL. UN COMENTARIO HISTÓRICO.

Antes de comenzar, debo reconocer la dificultad que me ha supuesto comentar una obra basada en un personaje histórico en el que me interesado particularmente. Intentaré ser lo más objetivo posible, pero pido disculpas de antemano -sobre todo al autor- si en algún momento mi pasión por el tema consigue nublar mi visión crítica.

Tenía conocimiento del libro desde que se puso en venta, pero me ha costado algo de tiempo vencer mis reticencias y adquirirlo (ya en la edición de Ediciones B). Puedo asegurar que he intentado liberar mi mente y aproximarme a la obra como si Escipión fuera para mí algo nuevo; y, por supuesto, no lo he conseguido. Advertencias realizadas, paso a comentar la obra.

Ya en la introducción, Santiago Posteguillo, deja claro que la suya no es sino una “obra de entretenimiento”, y, sinceramente, no era otra cosa lo que me esperaba; pero Posteguillo nos engañaba. “Africanus” es un libro tan bien documentado que podría servir sin ningún tipo de rubor para iniciarse en la Historia de la Segunda Guerra Púnica y, por supuesto, en la vida de Publio Cornelio Escipión. La formación del autor queda patente en muchas de las páginas, manejando con soltura el vocabulario latino y todo lo referente a vida y costumbres de la Roma republicana a finales del s. III a. C. ¿Se escurren algunos errores? Por supuesto; pero eso es algo de lo que ninguno, por desgracia, nos hemos librado, y que no empaña el resultado global del trabajo. No obstante, precisamente para eso estoy ahora escribiendo estas líneas: para comentar esos pequeños errores. No se me malinterprete, es imposible dominar todos los aspectos de la Roma Republicana.

Siguiendo con el comentario general de la obra; hay ciertos aspectos que me han defraudado un poco. Sin ir más lejos, la excesiva polarización de los personajes: los Escipiones muy buenos, y Fabio Máximo muy malo. Es una verdadera lástima que los autores siempre tiendan a alejar a los protagonistas de la simple y llana “normalidad”. Y es que se pretende ensalzar a Escipión muy por encima de lo que ya los propios clásicos se encargaron de hacer.

Insistiendo en la labor de documentación del autor, debo admitir que me he visto soprendido por lo certero de algunos de los análisis del autor. Sin ir más lejos, a la hora de interpretar la división de las fuerzas romanas entre Cneo y Publio para cumplir las órdenes del Senado. Pero no sería éste el único ejemplo; la idea de presentar a Escipión al mando de un escuadrón de caballería durante la batalla del Tesino, estando en realidad dicho destacamento destinado a protegerle, es algo que ya se ve reflejado en las propias fuentes clásicas. Incluso el interesante análisis sobre las causas por las que Aníbal se abstuvo de marchar sobre Roma tras la victoria en Cannae. Y es que Posteguillo demuestra haber hecho los deberes de documentación, introduciendo numerosos detalles históricos a lo largo de la novela. Quizás un pequeño tirón de orejas en referencia a la bibliografía utilizada: nos ha parecido sorprendente que no haya utilizado al, en nuestra opinión, biógrafo de Escipión por excelencia: H. H. Scullard. Debería matizar esto último; recuerdo que tras leer una de las obras consultadas por el autor; la biografía sobre Escipión escrita por Javier Cabrero (en mi opinión útil únicamente para los no iniciados), y hablando del asunto con un conocido filólogo y, entonces, profesor mío, aquel me dijo “si quiere usted saber sobre Escipión, lea a Polibio”. Contra eso nada se puede añadir, y Posteguillo ha utilizado a los dos autores clásicos en los que más información podemos encontrar sobre nuestro protagonista: Livio y Polibio, a los que vemos cómo, en ocasiones, ha seguido de manera bastante directa.

Siguiendo con la labor de documentación, resulta igualmente extraño que haya utilizado a Dodge (que aporta bien poco a la cuestión) y no haya consultado ni a De Sanctis, ni a Walbank. Pero, insistiendo por última vez en el asunto, lo de Scullard es lo más llamativo. No queremos, ni podemos, no obstante, exigirle a una novela el rigor documental de una obra de carácter histórico. En resumidas cuentas, Posteguillo cumple con sobresaliente en su labor de documentación. Algo, que considero, es uno de los puntos fuertes de la novela.

Por lo demás, la obra se lee con gusto, sin detenerse en exceso en descripciones tediosas. Es igualmente de agradecer la descripción de las batallas. En el caso de Carthago Nova, que es el que tenemos más fresco, la narración bien pudiera aproximarse a lo ocurrido en realidad.

Fenomenal la introducción del personaje de Plauto en la obra. Pese a la impresión inicial, cuando pudiera parecer que no encaja con el resto de conjunto; lo cierto es que el personaje da mucho juego, y al final uno termina por interesarse casi tanto por su destino, como por el del propio protagonista. Es en éste y algún otro personaje en los que el autor se detiene con mayor interés: Escipión, Lelio, el padre y el tío de Escipión, Fabio Máximo, Catón; etc. Son personajes presentados en cierta profundidad; tanto ellos mismos, como las relaciones entre unos y otros. Igualmente, destaca la presentación de los debates en el Senado y podemos ver las complicaciones de la política en la Roma del momento. Sin embargo, Posteguillo nos deja huérfanos con los cartagineses, presentando a un Aníbal frío y distante, y pasando de puntillas por el resto de los mandos púnicos.

Particularmente increíble me ha resultado la relación entre Escipión y su mujer, por mucho que entendamos lo necesario de introducir alguna historia “amorosa” en la novela. Pero lo que más me ha costado digerir es la imagen de Escipión llevándose a su esposa y su hija a Tarraco: no sólo porque no sea histórico, sino porque es difícil de creer en el contexto de una Hispania dominada por los cartagineses.

Por último, un aspecto que, en mi opinión, ha descuidado algo el autor: la relación de Escipión con la religión. Es cierto que introduce ciertos detalles, como la archiconocida promesa de ayuda de Neptuno ante Cartagena; pero a juzgar por lo que dicen las fuentes, la religiosidad de Escipión parece haber sido particularmente intensa; ya fuera real o fingida.

Habiendo dejado mi opinión suficientemente clara respecto a la fiable reconstrucción histórica, no me queda sino comentar algunos detalles que, en mi opinión bien son inexactos, bien dan lugar al debate. Algunos, como se verá, son auténticas nimiedades que bien podrían ser pasadas por alto; otros son algo más llamativos. Paso, a continuación, a enumerarlos brevemente.

– En la página 87 dice Posteguillo: “Cneo sacó dos espadas de doble filo de metal y le dio una a Publio. El peso del arma hizo que casi se cayera (…) Publio se defendía usando toda la destreza que había adquirido con las espadas de madera”. En realidad el “rudus” pesaba más que las armas de combate real (veáse, por ejemplo, Veg. Epit. Re. Mil. I, 11, 2).

p. 88: “Los turdetanos se lo habían puesto fácil al quejarse de las agresiones de los Saguntinos”.

Algunas fuentes clásicas hablan de otro pueblo, el de los turboletas:

Apiano, Ib. 10: “Suponiendo que sería un comienzo brillante, si es que lograba cruzar el Ebro, persuadió a los turboletas, que eran vecinos de los saguntinos, para que se quejaran ante él de que los saguntinos hacían correrías contra su territorio y de que sufrían otras muchas injusticias por su parte”.

Es cierto que Livio (XXI, 6, 1-2; XXIV, 42, 11; XXVIII, 39, 8) menciona explícitamente a los turdetanos, pero podría tratarse de alguno de los frecuentes errores que encontramos en Livio al tratar sobre temas de Hispania.

En resumidas cuentas, no sabemos cuál era el pueblo con el que los saguntinos tuvieron problemas, pero sí sabemos que estaba bajo el dominio cartaginés, y que habría que ubicarlos en algún territorio próximo a los dominios saguntinos.

Los turdetanos son un pueblo bien conocido, pero su localización se sitúa bastante al sur de Sagunto y, por tanto, lejos de poder ser denominados “vecinos” de los saguntinos (véase Estrabón, III, 2, 1). En cuanto a los turboletas, la única referencia algo clara que tenemos es la de Ptolomeo; quien menciona la existencia de una ciudad llamada Tourboula (Ptol. II, 6, 60).

Nos limitamos aquí a exponer el problema, y recomendamos la consulta, a quien pudiera estar interesado, de la obra de Sánchez González: La Segunda Guerra Púnica en Valencia. Problemas de un casus belli. En concreto las pp. 106-116, a través de las cuales el autor nos ofrece una muy útil revisión del problema.

– p. 90 (Durante el asedio de Sagunto por Aníbal): “Aníbal recibió la noticia de la llegada de los escorpiones, enormes máquinas que a modo de gigantescas hondas podían lanzar rocas hasta a quinientos pasos de distancia”.

Por mucho que Livio (XXVI, 47, 6) mencione los escorpiones en una fecha tan temprana (la conquista de Cartagena), estamos ante un claro anacronismo. En realidad, las máquinas de las que habla Livio, son oxybolas. Citamos textualmente el trabajo de Romeo Marugán y Garay Toboso al respecto: “Pese a que Plinio los consideraba un invento de los cretenses (Plin., N. H., VII, 56) los escorpios eran pequeñas oxybolas que perfeccionó y desarrolló el ejército romano, explotando su movilidad y facilidad de manejo, pero hasta época de Vespasiano no sería un arma reglamentaria y común en las legiones” (Romeo Marugán, Garay Toboso, p. 261, n. 142), lo cual, por supuesto, no quiere decir que no se hubieran utilizado antes, pues aparecen a finales del s. III a. C.; habiendo estado activos, sin ir más lejos, en las campañas de Hispania.

Pero al margen de la fecha de aparición de los escorpiones, no eran, desde luego, “enormes máquinas a modo de gigantescas hondas”. Al contrario, eran piezas de artillería utilizadas en campaña precisamente por su ligereza; estando su peso alrededor de los 50-60 kg. Y lo habitual es que la munición utilizada fueran flechas de unos setenta centímetros, las famosas “pila catapultaria“. (Véase, sobre estas máquinas, Sáez Abad, pp. 56-62 y 149-159).

p. 90 (Hablando de los saguntinos, durante el asedio de su ciudad por Aníbal): “Sacaron entonces su última arma de defensa: la falarica. Una especie de catapulta diseñada para lanzar a mil pasos no rocas, sino jabalinas con punta de hierro y lanzas incandescentes”.

La falarica no era ningún tipo de catapulta, sino un arma arrojadiza al modo del pilum romano. El propio Livio nos ofrece una descripción de este arma:

“Los saguntinos tenían la falárica, arma arrojadiza de mango de abeto redondeado todo él excepto el extremo en el que se encajaba el hierro; éste, cuadrado como el del pilum, lo liaban con estopa y lo untaban en pez; el hierro, por otra parte, tenía tres pies de largo a fin de que pudiese traspasar el cuerpo a la vez que la armadura. Pero era especialmente temible, aunque quedase clavado en el escudo y no penetrase en el cuerpo, porque, como se le prendía fuego por el centro antes de lanzarlo y con el propio movimiento la llama que portaba cobraba gran incremento, obligaba a soltar el arma defensiva y dejaba al soldado desprotegido para los golpes siguientes” (Liv. XXI, 8, 10-12).

p. 98: (Sobre el asedio de Sagunto por Aníbal): “El fin estaba cerca y cada defensor buscaba la forma más digna de morir. Algunos nobles de la ciudad levantaron con ayuda de sus sirvientes una gran pira en el centro de la plaza principal a la que prendieron fuego y a ella arrojaron gran parte de su oro y plata y otros objetos de valor. Finalmente, en un ataque de absoluta desesperación, muchos de ellos se lanzaron al fuego mismo para ser devorados por las llamas antes que caer bajo las espadas de los cartagineses que entraban en la ciudad”.

Aquí Posteguillo está siguiendo el relato de Livio. Estamos ante un tópico que se repite una y otra vez en las fuentes clásicas; me refiero, por supuesto, a la imagen de los sitiados inmolándose antes de caer en manos del enemigo. En el caso concreto de Sagunto, es evidente que hubo supervivientes, y no pocos, puesto que, años después, los romanos entregaron la ciudad a sus antiguos pobladores.

p. 141 (Dialogo desarrollado durante el año 218) “Necesitamos nuestros vélites”.

Podríamos estar ante un anacronismo, pues Livio menciona que los velites aparecieron en el año 211 a. C. (Liv. XXVI, 4)

– p. 155: No hay evidencia alguna que permita pensar que Lelio estuvo presente en la batalla del Tesino. Pero, como licencia del autor para tejer la trama, es perfectamente aceptable. (Al respecto, véase Walbank, 1967, pp. 198-199).

– pp. 181-182: ¿Salvo realmente Escipión a su padre en el Tesino?

Sabemos que circularon por Roma varias versiones en relación con la salvación del cónsul en la batalla del Tesino. Algunos, como Polibio, se hicieron eco de la tradición que encumbraba a Escipión como salvador de su padre, pero existía otra versión, recogida por ejemplo en Livio, atribuyendo la salvación a un escalvo ligur. Sería largo y tedioso desarrollar aquí y ahora todas las hipótesis en referencia a este episodios, incluyendo la afirmación de Plinio sobre la concesión de la corona cívica a Escipión, quien finalmente la habría rechazado. Me limitaré por tanto únicamente a dejar constancia de esa segunda versión sobre el esclavo ligur, que es recogida por Livio citando a Celio Antípatro (Liv. XXI, 46, 10).

pp. 204 y ss.: En realidad, Escipión seguramente no participó en la batalla del río Trebia, pues lo más probable es que permaneciera en el campamento junto a su padre herido.

p. 244: Posteguillo sitúa a Escipión en el ejército de Servilio en el momento de la batalla de Trasimeno. Algo, en principio, bastante probable suponiendo que no hubiera viajado con su padre a Roma.

– p. 293: No hay evidencia alguna de que Cayo Lelio combatiera en Cannae.

– p. 305. El autor sitía al cónsul Varrón al mando del ejército el día de la batalla de Cannae. Es cierto que las fuentes recogen que aquel fatídico día era Varrón el que detentaba el mando, pero es cuanto menos sospechoso que se atribuya toda la responsabilidad del desastre al cónsul plebeyo, máxime cuando Emilio estaba al mando del ala derecha, el lugar ocupado por norma habitual por el comandante al mando.

p. 536: (Durante el debate del Senado sobre la posible nominación de Escipión para el mando de las tropas hispanas): “Nunca nadie tan joven ha sido designado como magistrado, sea en grado de procónsul o de cónsul de Roma”.

Esto es algo que los historiadores siguen afirmando una y otra vez, pero tenemos al menos un posible antecedente: conocemos gracias a Livio, el caso de Valerio Corvo, quién alcanzó su primer consulado a la edad de 23 años (Liv. VII, 26, 12). Por otra parte, la Lex Villia Annalis, que regulaba el acceso a las altas magistraturas no sería aprobada hasta mucho después; concretamente en el 180 a. C.

p. 566: Emilia y su hija con Escipión en Hispania.

Estamos ante otra licencia del autor. No existe evidencia alguna para sostener tal afirmación.

pp. 572 y ss.: Increíblemente, Posteguillo no hace mención alguna a Silano, el otro comandante que el Senado designó para acompañar a Escipión a Hispania.

p. 573: Posteguillo presenta a Lucio Marcio como un centurión romano.

Livio dice que era un “eques romanus” (Liv. XXV, 37, 2); Cicerón lo llama “primi pili centurio” (Balb. 34); y Valerio Máximo lo convierte en tribuno militar (Val. Max. II, 17, 5). Es difícil creer que su rango fuera inferior al de tribuno; no sólo porque Cneo le hubiera dejado a las órdenes del campamento, sino porque luego vemos cómo toma el mando de las tropas por encima de Fonteyo, quien, según se nos dice, era legado.

p. 584: Presentar a Escipión como un hombre fiel a su esposa y como contrapunto a lo habitual entre los altos mandos romanos es poco menos que llamativo. Muy al contrario, el Africano parece haber tenido gran debilidad por las mujeres… y no precisamente la suya.

Véase, por ejemplo, Conde Guerri, 2003, pp. 65-66; Torregaray, 1998, p. 34.

p. 596 y ss. Durante la marcha hacia Cartagena, Posteguillo asume el más que dudoso texto de Livio en el que el autor latino dice que las tropas romanas tardaron 7 días en ir desde el Ebro hasta Cartagena (480 kms), y asume, por tanto (explícitamente), que caminaban 70 kms. al día; algo totalmente imposible.

Un análisis sobre ello, recogiendo algunas de las hipótesis anteriores en Fernández Rodríguez, 2005.

p. 596: Se nos muestra una Sagunto en ruinas, cuando es muy probable que los romanos no hubieran perdido su control tras la muerte de Publio y Cneo Escipión.

Efectivamente, tras la conquista de la ciudad ibera por Publio y Cneo Escipión, no hay evidencia alguna de que la ciudad fuera recuperada por los cartagineses.

p. 621: (Con el ejército romano acampado a las puertas de Carthago Nova): “Y aquellos estandartes… esas águilas”.

Otro claro anacronismo. Las águilas como emblema de las legiones fueron introducidas por Mario en su segundo consulado, es decir, más de un siglo después.

Encontramos en el árbol genealógico (p. 697) un error: falta Lucio, el hijo pequeño de Escipión.

Lucio llegaría a alcanzar la pretura en el año 174 a. C., siendo expulsado por los censores a principios del año siguiente. (Liv. XLI, 27, 2; Val. Max. III, 5, 1; IV, 5, 3).

A pesar de todo ello, creo que con decir que ayer mismo adquirí la segunda parte de la trilogía, “Las Legiones Malditas”, queda patente mi opinión sobre la novela.

Bibliografía citada:

  • Conde Guerri, E.: La ciudad de Carthago Nova: la documentación literaria (inicios-julioclaudios). Murcia 2003.

  • Fernández Rodríguez, D.: «La toma de Carthago Nova por Publio Cornelio Escipión: ¿Leyenda o realidad?», Polis 17, 2005, pp. 31-72.

  • Romeo Marugán, F. y Garay Toboso, J. I.: «El asedio y toma de Sagunto según Tito Livio XXI. Comentarios sobre aspectos técnicos y estratégicos», Gerión 13, 1995, pp. 241-274.

  • Sáez Abad, R.: Artillería y Poliorcética en el mundo Grecorromano. Madrid 2005.

  • Sánchez González, L.: La Segunda Guerra Púnica en Valencia. Problemas de un casus belli. Valencia 2000.

  • Torregaray Pagola, E. La elaboración de la tradición sobre los Cornelii Scipiones: Pasado Histórico y conformación simbólica. Zaragoza 1998.

  • Walbank, F. W.: A Historical Commentary on Polybius, vol. II. Oxford 1967.

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24 comentarios »

  1. […] enganchada y maravillada con el libro de Santiago Posteguillo, Africanus, el hijo del cónsul,  el primer libro de la trilogía las legiones malditas y también el primer libro de Santiago […]

    Pingback por Fascinada con los romanos | Érase una vez en Top Books — noviembre 26, 2013 @ 7:59 pm

  2. Excelente tu crítica!

    Qué opinas de Las legiones malditas? Creo que la polarización de los personajes que mencionas (Emilio Paulos/Escipiones – Fabio Máximo) se potencia aún más, y eso no deja de molestarme. Realmente era tan malvado Fabio Maximo, ordenando matar a todos los habitantes de Tarento, incluyendo quienens traicionaron a Cartago y se la ofrecieron en bandeja? Realmente era tan magnánimo Publio Cornelio Escipión, perdonando la vida de todos sus rivales? .

    Además, encuentro bastante molesto las confusiones en los tiempos verbales que tiene el autor, saltando de la narración en pasado al presente sin lógica alguna, así como diálogos con demasiado “tufillo” a moderno..

    Por lo demás, da gusto leer un libro en que se nota que su autor, al menos se ha tomado tiempo de instruirse concienzudamente.

    Saludos!

    Comentario por doctaton — mayo 14, 2014 @ 5:38 pm

    • Muchas gracias por tu opinión.

      Como verás, me he limitado a hacer un comentario desde el punto de vista histórico. Pero si me preguntas mi opinión sobre “Las legiones malditas”, creo que bastará que diga que, después de leer el segundo libro, renuncié a leer el tercero. En el segundo libro, flojea la documentación y más aún la prosa, pero es mi humilde opinión.

      En cuanto a Escipión, sólo hay que ver cómo se las gastó cuando las cosas le empezaron a ir mejor en la guerra para ver si era tan magnánimo o no. Todo, eso sí, muy adornado por las fuentes favorables a su persona. Dicho lo cual, una guerra es una guerra y ya sabemos lo que pasa en las guerras.

      Saludos.

      Comentario por viapraetoria — mayo 14, 2014 @ 6:30 pm

      • Muchas gracias por tu respuesta. Te había contestado el mismo día, pero no se qué ha pasado que mi respuesta no ha aparecido.
        Otra vez coincido contigo respecto a Las Legiones Malditas. No conozco mucho de historia, por lo que no estoy a tu nivel para valorar la documentación del escritor y cotejar lo escrito con los hechos reales, pero en lo que sí puedo opinar, es en la prosa.
        Además de numerosos errores gramaticales, la variación sin ton ni son de los tiempos verbales es simplemente ridícula y no se explica en un libro de estas características y que, además, se supone es revisado por editores profesionales. La escena del duelo en el Foro entre Fabio Maximo y Publio, es un ejemplo perfecto de lo que comento. Los personajes pasan de actuar en un tiempo pretérito perfecto simple (Fabio Maximo se levantó de su escaño y se aclaró la garganta…) para, de repente, comenzar a hacerlo en presente sin nada que lo justifique (Publio se ajusta la túnica y se dirige a…). Además, los diálogos son más de política actual, de Europarlamento, que de una sesión de Foro romano con más de 20 siglos de Historia.
        Sigo con él, porque la historia y el personaje lo merecen, sin embargo, debo reconocer que a veces me resulta muy difícil seguir leyéndolo.
        Espero que La Traición de Roma, no me desilusione también.
        Gracias!

        Comentario por doctaton — mayo 21, 2014 @ 9:54 am

      • Gracias a tí por participar.

        No sería justo juzgar una novela desde el punto de vista histórico, aunque debo reconocer que había tomado apuntes para escribir una reseña histórica sobre el segundo libro; vi la cosa tan mal que finalmente no lo hice. Hay que agradecerle, por supuesto, haber logrado promocionar entre el público general la figura de Escipión.

        Parece que has logrado, con tu crítica literaria, completar mi crítica “histórica”. ;-)

        Saludos.

        Comentario por viapraetoria — mayo 21, 2014 @ 4:25 pm

  3. Hola!

    Por qué dices “vi la cosa tan mal que finalmente no lo hice”? Qué es lo que has visto tan mal acerca de la documentación histórica que te ha hecho declinar? Tanto dista lo escrito en Las Legiones Malditas a lo realmente acontecido desde el punto de vista histórico?

    Gracias por tu opinión y por ofrecer este espacio para intercambiar puntos de vista. Tu review del Africanus es, por lejos, la mejor que he leído. Pena que no te animaras a hacer una review similar con Las Legiones… :(

    Comentario por doctaton — mayo 22, 2014 @ 2:39 pm

    • Bueno, ya que me tiras de la lengua:

      Por ejemplo, se agudiza una error consciente que ya se vio en el primer tomo, pero al que entonces no le di mayor importancia: la ausencia de Marco Junio Silano en el relato. Silano llegó a la península con Escipión con el mismo mando que éste. Participó activamente en la campaña, dirigiendo en algunas acciones una parte de las tropas, incluso por separado. Sin embargo, Posteguillo lo presenta después de la batalla de Baecula. Una omisión consciente para no quitar gloria a su “héroe”. Y no sólo eso, sino que lo presenta como subordinado de Escipión y, por si fuera poco, pone a Lucio Marcio por encima de Silano (por ejemplo, p. 252).

      En cuanto a la narración de Zama, poniendo a Aníbal y Escipión no sólo entrando en batalla, sino incluso luchando individualmente entre ellos (p. 752)… en fin. Son dos pinceladas que en mi opinión demuestran que la documentación fue en este segundo volumen mucho menos “profunda” (podría mencionar algunos ejemplos más, como el castigo sobre Castulo e Iliturgis (p. 251), lo que dice sobre los juegos de Carthago Nova (p. 251), etc).

      A lo que vamos, si la prosa ya no me gustaba demasiado en este segundo tomo, lo único que me podría haber mantenido fiel a la trilogía, que era su labor de documentación, se había ido al traste. ¡Ojo!, me parece lícito que uno escriba una novela hagiográfica sobre Escipión, presentando su vida y milagros inventados, pero no seré yo su público. Esta claro, por supuesto, que precisamente público no le ha faltado. Seguro que a mí no me echa de menos.

      Saludos.

      Comentario por viapraetoria — mayo 22, 2014 @ 5:11 pm

      • Qué gusto da leerte y que me respondas de manera personalizada!
        Muchas gracias de verdad!

        Comentario por doctaton — mayo 23, 2014 @ 1:42 pm

      • Gracias a tí. Esto no tendría sentido si nadie lo leyera, pero lo mejor es cuando alguien se anima a participar.

        Saludos!

        Comentario por viapraetoria — mayo 23, 2014 @ 6:38 pm

  4. Hola otra vez!

    Acabo de terminal Las Legiones Malditas… en fin.

    Es una pena los errores de prosa en los que cae el autor que, al parecer, se agravan más y más conforme avanza la novela.

    Además de las imperfecciones históricas y las licencias que se toma el autor (el cuerpo a cuerpo de Anibal con Publio me parece además de erróneo, absolutamente infantil, previsible e innecesario), la novela tiene mucha vida y se deja leer fácilmente.

    Para la gente como yo, que desconocemos al detalle la historia de las Segundas Guerras Púnicas, es un placer tener la oportunidad de aprender a la vez que nos entretenemos.

    Ahora a por La Traición de Roma, que al parecer, retoma un poco la línea del primer libro de la Trilogía, con el relato de situación de la guerra entre Siria/Macedonia y el imperio egipcio.

    A ver cuando tomas fuerzas y te preparas una review tan interesante de los 2 libros que quedan. Nunca he leído una opinión y revisión de una novela, tan bien fundamentada como la tuya, y la verdad, es que me gustaría leer las otras 2.

    Gracias por tu ayuda!

    Comentario por doctaton — junio 5, 2014 @ 9:00 am

    • Ya me contarás qué te parece el último libro. En cuanto a la review, me temo que nunca la escribiré. Tomé notas durante la lectura del segundo libro, pero mi interés decayó profundamente durante la lectura, así que, para poder escribir algo decente, tendría que volver a leerlo. Al Africano he dedicado unos cuantos años, pero esa es otra historia…

      Encantado de volver a leerte.

      Saludos!

      Comentario por viapraetoria — junio 5, 2014 @ 4:13 pm

  5. Cumplo con lo prometido y paso a comentar mis impresiones respecto al último libro de la trilogía, La traición de Roma.
    Desde mi punto de vista, es por lejos, el mejor libro de los 3, abordando el crepúsculo de los 2 protagonistas de los 2 primeros libros, Publio y Anibal.
    Por qué digo que es el mejor de los 3? Por varios motivos, comenzando porque es el periodo que menos se conoce de nuestros personajes, por lo tanto, el que más nos aporta desde el punto de vista histórico. Las aventuras y designios de Anibal, vagando por Asia, el aciago final de Antíoco III, la evolución de Masinisa y la introducción del antiguo Egipto de Ptolomeo en la trilogía, bien hace valer la pena la lectura.
    Publio, aparece menos endiosado que en las entregas previas y se muestra más cercano al hombre que probablemente haya sido: un hombre megalómano y lujurioso, que posiblemente pensaba que Roma debía rendirle pleitesía eterna. La conversación que tiene con su hermano Lucio al final de la guerra de Magnesia, así lo muestra… “eso significa Lucio, que somos intocables”.
    Otros personajes cobran mucha fuerza, como Tito Maccio Plauto, Marco Porcio Catón (Caton el viejo), Lucio Cornelio Escipion, Netikerty (personaje de ficción) y Cornelia la menor, y creo que están muy bien resueltos.
    Otra cosa que me ha gustado mucho, es el entrecruzado emotivo que hace Posteguillo, de la muerte de Anibal y Publio, seguramente magnificado de cara a la faceta comercial de la novela, pero muy bien logrado.
    El epílogo con el incendio de la Biblioteca de Alejandría, es un remate perfecto para la trilogía. Lo último que podemos leer, es una nota histórica, que para los que no conocemos mucho de la historia romana, nos deja un muy buen sabor de boca.
    El error de prosa, muy presente en los primeros libros, aquí parece no existir (de repente el autor aprendió a utilizar bien los tiempos verbales) y casi tiene un excelente, a nos ser por el último capítulo (El incendio de la biblioteca de Alejandría), en el cuál vuelve a incurrir en este llamativo, y muy molesto error, consistente en pasar al presente algunas acciones de algunos personajes.
    Como ves, el balance de este último libro es excelente y bien compensa la lectura de toda la trilogía, si hacemos la vista gorda en errores u omisiones históricas, y la leemos como una novela, que nos entretiene y nos enseña a la vez.
    Un saludo!

    Comentario por doctaton — julio 1, 2014 @ 2:48 pm

  6. ¡Muchas gracias por tu aportación! Aunque, vaya, que ya me está dando curiosidad el último libro.

    El proceso que le abrieron en Roma a Escipión y a su hermano tras la campaña oriental me recuerda mucho a lo que seguimos sufriendo en la actualidad en manos de nuestros dirigentes. Ese uso del cargo para lucrarse, ese no querer dar cuentas a la Res Publica y, por supuesto, ese venderse como un maltratado por los suyos pese a lo entregado al estado. Aunque parece que sí, que el Africano terminó un poco amargado sus días.

    Reitero los agradecimientos.

    Comentario por viapraetoria — julio 1, 2014 @ 4:45 pm

  7. Pues me gustaría hacer unas preguntas, vaya por delante mi ignorancia de la historia que, si bien me interesa, como estudiante universitario no puedo dedicarle todo el tiempo que me gustaría a aprender sobre ella.
    Descubrí hace un mes esta triología sobre Escipión que cogí un poco con miedo porque al ser una novela, intuía que podría tener varias licencias históricas, pero al final me aventuré a comprármela empezando por la primera parte y me encantó, y además, para fortuna mía descubrí esta sección en el que se abordaba precisamente el aspecto histórico de la novela. En un comentario de viapraetoria he leído que en la segunda parte de la triología (que estoy leyendo ahora) flojea la documentación y en otro comentario de doctaton que la tercera parte es la mejor de las tres. Sé que es un novela y hay que tratarla como tal pero:
    -¿Puede considerarse el conjunto de la obra (no sólo el primer libro) como históricamente fiable (repito que es una novela, lo sé, pero quizá con esta pregunta constato mi ignorancia sobre la historia)?
    -¿Por qué se hace tan malo a Fabio Máximo? Hasta yo me dí cuenta de esa polarización ¿Realmente fue así? Porque me consta, hasta donde mis pobres conocimientos alcanzan, que su estrategia de eludir el combate con Aníbal fueron valorados después del desastre de Cannae.

    Comentario por Joaquin — julio 16, 2014 @ 2:59 pm

  8. Saludos Joaquín.

    Respecto a tus pretuntas:

    1ª. No puedo opinar sobre el conjunto de la obra porque, como ya he reconocido arriba, no he leído el tercer volumen. ¿Históricamente fiable? Bien, Posteguillo es filólogo clásico; vaya, que algo sabe del mundo romano. Ha utilizado bibliografía sobre el tema y, en concreto, las fuentes clásicas. Dicho esto, jamás se me ocurriría recomendar a alguien que pregunta por Escipión o por la Segunda Guerra Púnica que leyera una novela, ya fuera ésta u otras. Pero ojo, tampoco recomendaría la obra de algunos “historiadores” sobre el asunto. Pero, como reconocía en el propio comentario que generó todo este debate, sí, al menos la primera parte, se puede considerar “fiel” a los relatos que nos han llegado. La interpretación ya es otra cosa.

    2º Fabio Máximo es tan malo, supongo, porque todo héroe necesita su antagonista, y en esta novela le ha tocado a él. Como dices, su estrategia fue valorada, pero a posteriori, porque mientras la llevó a cabo a los romanos no les gustó nada eso de eludir el combate mientras Aníbal iba devastando media Italia. De todas formas, es cierto que existió una fuerte rivalidad entre Fabio y Escipión, y si le hubiéramos preguntado a éste su opinión sobre el cunctator, seguro que habría dicho que el libro se queda corto :-)

    Hay que reconocerle el mérito a Posteguillo no sólo del éxito de su obra, sino haber logrado que el Africano llegue a tanta gente. Puede que no pocos de sus lectores deseen profundizar en su figura y empiecen a buscar obras propiamente históricas.

    Saludos.

    Comentario por viapraetoria — julio 16, 2014 @ 4:20 pm

    • Muchas gracias por tu respuesta, sin duda alguna, después de leerme la triología (ya que la he empezado), seré uno de esos lectores que profundicen en su figura, porque supuse que al ser una novela, tendría licencias. Pero tengo que reconocer que me ha enganchado la novela.

      Muchas gracias nuevamente por tu respuesta.

      Comentario por Joaquin — julio 16, 2014 @ 7:10 pm

  9. Muchas gracias por el artículo, ahora no lo podré leer porque vengo de un viaje, mañana lo leeré con mucho gusto.

    Comentario por Joaquin — julio 20, 2014 @ 11:05 pm

    • Pues acabo de leer el artículo y me ha parecido muy interesante, desde luego, las referencias a las diversas fuentes me hacen pensar en la dificultad y el trabajo necesario para escribir un artículo de este tipo. Me gustaría hacerte una algunas preguntillas sobre el artículo:

      -En el artículo dice que Claudio Nerón llega con 12.000 infantes y 1.100 jinetes, sumando un total de 20.000 infantes y 2.100 jinetes, después llega Escipión con 10.000 soldados de infantería y 1.000 jinetes, entonces es cuando en el artículo apuntas que para saber cuántos hombres tenía Escipión los autores se limitan a sumar 25.000 infantes y 2.500 jinetes que van a Cartago Nova con los 3.000 infantes y 500 jinetes situados al norte del Ebro, lo que da un total de 28.000 soldados de infatería y 3.000 de caballería, pues bien, aquí mi duda, ¿cuántas bajas sufrió Claudio Nerón durante su campaña en Hispania? Si cogemos los datos anteriores, Claudio Nerón Habría perdido 2.000 soldados de infantería y 1.200 jinetes, lo que no son unas bajas cuantiosas. Es posible que haya interpretado mal los datos, pero lo he estado mirando varias veces y he llegado a estas cifras. La principal duda que se me viene a la mente es, si estas cifras que he cogido las he interpretado bien, entonces el paso de Nerón no hubiera sido un desastre y por tanto ¿por qué hacerle retornar de su campaña en Hispania? Es verdad que en el artículo lo explicas bastante bien, como el hecho de tener una actitud estática en la campaña, pero ¿por qué aventurarse a poner a alguien sin experiencia militar en Hispania? Cierto que indicas el poder de la familia Escipión ¿pero tanta influencia tenía para que el Senado tomase una decisión a priori temeraria de poner a alguien sin experiencia en el mando en una región tan importante?

      -¿Sabes si el libro de Scullard “Scipio Africanus. Soldier and Politician” está traducido al castellano? Lo digo porque lo vi entre las fuentes y mi inglés no es muy bueno.

      -Como comentario interesante cabe destacar la velocidad de desplazamiento de los soldados, cifras que oscilan entre los 20 y 40 Km/día, teniendo en cuenta el peso con el que marchaban y la humedad de la zona mediterránea, ademas de que, no marcharían las 24 horas al día, sino una serie de horas, es impactante el hecho de que no llegaran a Cartago Nova hecho pedazos.

      -La verdad es que tu trabajo de fin de doctorado podría ser interesante para leer.

      Comentario por Joaquin — julio 21, 2014 @ 11:23 pm

  10. Saludos Joaquín:

    Empiezo por el final:

    – Sobre la media de avance del ejército romano; cualquiera que haya practicado senderismo o que haya pasado algún tiempo en el ejército te podrá explicar que un cuerpo entrenado soporta sin dificultades caminatas de más de 20 Kms. No son pocos los ejemplos a lo largo de la historia de ejércitos que se desplazan con suma rapidez. Los mayores problemas en estos casos suelen ser logísticos. Si la flota de Lelio transportaba la impedimenta, esas dificultades se habrían visto reducidas de manera importante. En todo caso, me parece una salvajada que todavía algunos autores sigan dando por bueno un avance de 70 kms al día. Pero, como digo, en 7 horas tropas entrenadas pueden cubrir sin excesivos problemas 30 kms. Actualmente, por cierto, hay un proyecto en marcha de arqueología experimental para reproducir precisamente la marcha de las tropas de Escipión con el equipo del ejército romano republicano. Pero insisto, no es difícil encontrar ejemplos.

    – Ninguna de las dos obras escritas por Scullard sobre Escipión están traducidas al castellano. Hay una biografía de Escipión en castellano, la de Javier Cabrero Piquero, que te puede ayudar a saber más sobre su figura, pero no entra en profundidad en muchas de las cuestiones. La traducción de la obra de Lidell Hart ha quedado totalmente obsoleta. Eso sí, sobre la Segunda Guerra Púnica y sobre Aníbal hay bastante bibliografía. Y las principales fuentes clásicas para el estudio de Escipión, Polibio y Livio, sí están traducidas al castellano.

    – En cuanto a las apreciaciones que haces; sobre el asunto de las tropas, es algo más complicado de lo que pudiera parecer. ¿Por qué? Pues por que siempre hablamos de legiones y hacemos cálculos multiplicando el número de integrantes “ideal”, y los antiguos, como ves, hacían lo mismo. Hablan con números redondos. Pero en campaña, era muy complicado que un ejército conservara íntegras sus tropas incluso cuando no se había enfrentado a los enemigos. Las enfermedades, los accidentes, etc. también producían bajas y no pocas en una época en la que, por ejemplo, no existían los antibióticos y la cirugía dejaba bastante que desear. Una simple apendicitis podía enviarle a uno al otro barrio; el tétanos, una diarrea, una infección dental, etc. En definitiva, los números para nada son fiables. Ni cuando hablamos de Carthago Nova, ni cuando hablamos de cualquier otra batalla o campaña.

    – ¿Por qué hicieron regresar a Nerón y enviaron a Escipión? Hay opiniones para todos los gustos: la carencia de líderes experimentados, pues gran número de senadores habían perecido en las batallas contra Aníbal en Italia; la gran cantidad de apoyos políticos de la familia de Escipión, y el enorme apoyo que tenían entre el pueblo; la posibilidad de que el Senado quisiera a Nerón, mucho más experimentado, en la campaña de Italia contra Aníbal; la posibilidad de que algunos de sus adversarios políticos le quisieran lejos de Italia; incluso el hecho de que su padre y su tío habían cerrado alianzas con las tribus de Hispania.

    Vistas las oposiciones que encontró después para marchar a África, parece que los motivos políticos fueron determinantes para su nombramiento.

    Una vez más, muchas gracias por tus opiniones.

    Saludos.

    Comentario por viapraetoria — julio 22, 2014 @ 5:47 pm

  11. Quien pretenda rigor histórico, que no lo busque en una novela. Con esto no quiero disculpar al autor, que debió documentarse con más detalle, pero hay que admitir que eso es algo de lo que el lector medio no va a percatarse ni le va a importar.
    Desde el punto de vista meramente literario, se le ven los andamiajes del proceso creativo y los personajes son bastante planos y pecan de maniqueos. No obstante, en mi opinión es un libro de lectura fácil y entretenida.
    Si se me permite el símil culinario, no se trata de un plato de alta cocina, más bien de una hamburguesa agradable de comer.
    Saludos.

    Comentario por Juan Carlos Garrido — agosto 9, 2016 @ 11:57 am

    • Totalmente de acuerdo. Por ello ya en el encabezamiento de la reseña dejo claro que es un comentario histórico, no una crítica literaria. No obstante, habida cuenta de que se ha convertido en todo un “best seller” -si se me permite el anglicismo-, lo que me lleva a presumir que será la principal -si no la única- aproximación del profano a la figura del Africano, creo que lo que aquí escrito puede complementar la información a quien desee acercarse un poco más a la biografía escipiónica.

      Y siguiendo con los símiles culinarios, diré que después de probar el segundo plato, yo renuncié al postre.

      Saludos y mil gracias por sus impresiones.

      Comentario por viapraetoria — agosto 10, 2016 @ 1:00 pm

  12. Tras leer el primer libro de la trilogía, busqué una crítica histórica y esta me ha parecido magnífica. Si acaso apuntar que la muerte de Cneo no pareció ser tal como se plasma en la novela. Gracias por el artículo.

    Comentario por José Manuel — octubre 3, 2016 @ 3:21 pm

    • Muchas gracias por el comentario.

      Comentario por viapraetoria — octubre 3, 2016 @ 5:25 pm


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