Viapraetoria

Aníbal, de Karl Christ.


Título Original: Hannibal (Darmstadt, 2003) Traducción: Macarena González. 22,00 Euros Ed.

Herder, Barcelona, 2006, 263 pp.

“Otra obra de Aníbal”, pensé al ver el libro de Christ sobre una de las mesas de una conocida librería gijonesa. Cogí el volumen con un escepticismo que se convirtió en indignación al comprobar el precio: 22,00 euros por 263 páginas. ¡Qué cara está la cultura! No obstante, decidí darle una segunda oportunidad, puesto que el esfuerzo de todo autor merece, al menos, unos minutos de atención. Y, ¿qué fue lo que me decidió a adquirir la obra? pues, sencillamente dos cosas; por un lado, la abundante bibliografía alemana utilizada, y en segundo lugar, el capítulo octavo, de título “Visiones antiguas y modernas de Aníbal”, sobre el que más abajo haré un breve comentario. Ya en faena, parece excesivo dedicar, en un libro de sólo 263 páginas –incluyendo notas y bibliografías en ellas-, todo un capítulo (entre las páginas 13 y 44) a una introducción sobre los fenicios, sobre los cartagineses y, cómo no, sobre sus relaciones con los romanos, incluyendo la I Guerra Púnica (la obra terminará, cosa que no entendemos, con la narración de la III Guerra Púnica). Todo hace presagiar lo peor, cierto apresuramiento y brevedad en la narración de los acontecimientos, y la impresión, acaso errónea, de que el autor estaba más preocupado en la elaboración literaria que en la científica. La sensación de que el autor ha querido condensar demasiada información en muy poco espacio, nos seguirá persiguiendo hasta el final de la obra. Sin embargo, conscientes de que la pretensión de Christ no era convertir este trabajo en uno de los futuros pilares de la investigación sobre el general púnico sino, más bien, en una obra introductoria, sería injusto ocultar que ofrece algunos puntos destacables, e incluso algunas novedades respecto a otras obras editadas en castellano sobre la misma temática. Si bien es cierto que se echan de menos análisis más profundos en asuntos tan peliagudos como el estallido de la II Guerra Púnica, no lo es menos que el autor alemán pone a nuestra disposición toda la bibliografía necesaria para saciar las necesidades de profundizar en la cuestión. La obra tiene puntos a destacar, como algunas hipótesis interesantes ausentes en otros autores recientes. Sirva de ejemplo el comentario de la página 57 sobre las verdaderas intenciones de Aníbal después de la toma de Sagunto, o el de la ceguera de Aníbal. Dándose la circunstancia de que, en ambos casos, la fuente utilizada es la obra del alemán Jakob Seibert, cuyos sesudos estudios: Hannibal (Darmstadt, 1974), Hannibal. Feldherr und Staatsmann (Maguncia, 1997) y Forschungen zu Hannibal (Darmstadt, 1993), desgraciadamente sólo se pueden disfrutar en alemán. Y es que Seibert es merecidamente citado con bastante profusión en la obra de Christ, con lo que el lector, si realmente está interesado en la figura de Aníbal, dará por sentado que lo que tiene que hacer es precisamente leer la obra de Seibert, algo que no está al alcance de todos. Christ se detiene en algunos puntos, como la narración del cruce de los Alpes, donde, una vez más, es de agradecer la utilización de numerosos estudios alemanes no mencionados en otras obras, con lo que se pueden ir rellenando ciertas lagunas en las bibliografías de anteriores trabajos sobre Aníbal. Además, los amantes de las interpretaciones puramente militares encontraran entre esta bibliografía algunos títulos de su gusto. Como viene siendo habitual, la abundancia de textos clásicos puede llegar a molestar a los iniciados en la materia, que más que recordar, una vez más, las citas de Polibio, Livio y compañía, desearían conocer la interpretación del Christ sobre estos fragmentos. Pero hay que insistir en el carácter meramente introductorio del Aníbal de Christ y, por tanto, es de recibo tener en cuenta la información que estos textos aportan al público no iniciado. En resumen, se trata de una obra que ofrece más de lo mismo, pero añade ciertos puntos de interés, uno de ellos, sin duda, es la propia óptica con la que Christ aborda el estudio, centrándose más en la personalidad del propio Aníbal que en el estudio de sus campañas. Destacamos, por encima de todo, el capítulo VIII, en el que hace un repaso los distintos autores, tanto antiguos como modernos, que han tratado sobre Aníbal. Eso sí, encontraremos bibliografía alemana, inglesa, italiana y francesa… pero nada de española, salvo Barceló, que, por supuesto, escribe en alemán. No se le recrimina esto en un arranque de rancio chauvinismo; es que no podemos olvidar que gran parte de la vida de Aníbal y por ende de la II Guerra Púnica transcurrió en Iberia, y los esfuerzos que se están haciendo últimamente entre los investigadores peninsulares son, al menos, dignos de una breve cita. Tenemos ya algunos especialistas en el mundo púnico, alguna tesis sobre el padre de Amílcar, numerosos artículos y bibliografía sobre los inicios de la II Guerra Púnica, campañas arqueológicas en los principales escenarios del conflicto, e incluso regulares congresos especializados. En cuanto a la edición castellana, la traducción nos deja algunos leismos y algún que otro error, como el de la página 215: “La esposa de Asdrúbal, cuyo nombre desconocemos, mató a sus dos hijos mientras era insultada por su marido y luego se inmoló en el último fuego de la ciudad”. En realidad, era Asdrúbal el que recibió los insultos de su esposa. Para finalizar, es bastante probable que a los conocedores de Aníbal esta obra les sepa a poco, más bien a bastante poco y, ciertamente, después de haber leído citas como las de Seibert, uno se queda con ganas de más. Pero, en general, no se puede negar que la obra es un buen punto de partida para futuras lecturas, y demuestra –no puedo evitar insistir una y otra vez en ello- la falta de tacto de la editorial Crítica al no reeditar la estupenda obra de Lancel, puesto que la figura de Aníbal sigue siendo de enorme interés para el público no especializado. Quedamos, por tanto, a la espera de que los ingleses se decidan a traducir a Seibert, porque está claro que los españoles no lo vamos a hacer.

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