Viapraetoria

LAS GUERRAS CÁNTABRAS


(Publicado anteriormente en Celtiberia.net. Han sido muchas las novedades surgidas en los últimos años en el estudio de este período: las novedades campamentales en Asturias, el País Vasco y Palencia y la profundización en el conocimiento de algunos campamentos permanentes, tales como Petavonium, Herrera del Pisuerga, León, Astorga, etc. En este texto no se incluyen estas novedades, pero no es difícil para cualquier interesado encontrar las publicaciones que las recogen. Recomendamos, por tanto, consultar estos trabajos para hacerse una idea más aproximada del estado actual de las investigaciones).

En el año 29 a. C., Statilio Tauro, legado de Augusto, emprende una campaña contra vacceos, cántabros y astures que se alargará hasta el año 19 a. C. con períodos de relativa tranquilidad entre medias. Sobre estos diez años de campañas ha sido mucho lo que se escrito, atendiendo en numerosas ocasiones más a vagas identificaciones basadas en la toponimia que a ubicaciones contrastadas arqueológicamente. Además, por desgracia, las fuentes de que disponemos son claramente prorromanas, de autores que tratan de justificar a toda costa el sometimiento de estos pueblos peninsulares. Sin embargo, en los últimos años, tanto las campañas arqueológicas como el profundo estudio de la toponimia han cambiado el panorama que de estas campañas había. Las últimas investigaciones arqueológicas llevadas a cabo en las zonas implicadas han arrojado una más que necesaria luz sobre las campañas del ejército romano en el norte de la Península durante el transcurso de las Guerras Cántabras. Trataremos pues de hacer un breve resumen de estos episodios incorporando las últimas aportaciones al respecto.

CAUSAS DE LAS GUERRAS

En cuanto a los orígenes de la guerra, quizá sea más prudente sumar las diferentes causas señaladas por otros autores que limitarnos a señalar una única. Las fuentes romanas acusan a lo cántabros de penetrar constantemente en el territorio de los vacceos, turmógidos y autrigones1. Al parecer, los cántabros habían convertido en un medio natural de subsistencia la realización de expediciones de saqueo sobre estos pueblos que estaban ya bajo el control romano y ocupaban las zonas de cultivo de la meseta. Este hecho podría explicar, según Teja el que los principales asentamientos cántabros conocidos se localicen en la vertiente sur de la cordillera, a lo largo del paso natural entre la meseta y la costa2.

Montenegro añade como posible detonante la participación de los cántabros en la guerra civil combatiendo contra César, es decir, en el bando pompeyano, por lo cual, según el propio Montenegro, Augusto les guardaba rencor3. No parece ser ésta sin embargo una razón de peso, puesto que el mercenariado era una forma habitual de ganarse la vida para pueblos que no tenían otros medios. En definitiva, Augusto debía de estar más que acostumbrado a ese tipo de situaciones.

Quizás tuvo algo que ver el aprovechamiento de las minas del norte peninsular, que iban a ser puestas en explotación inmediatamente después de la conquista4 . Roma estaba en un mal momento económico: las guerras contra Mitridates, la piratería mediterránea, los desastres de las guerras civiles y los enormes gastos de Marco Antonio en Oriente habían dejado las arcas del Estago agotadas5.

Se ha argumentado también la necesidad de Augusto de incrementar su prestigio personal a fin de borrar el recuerdo de Actium, donde había combatido contra un prestigioso general, Marco Antonio, con seguidores en la propia Roma6.

Otro motivo que ha sido manejado es el de la proximidad marítima entre Cantrabria y Aquitania7. A este respecto, González Echegaray opina que el dominio romano sobre la costa norte era un importante objetivo puesto que la navegación de cabotaje hacía necesario el control de los puertos8.

Por último, se ha señalado el deseo de Augusto de reorganizar el Imperio y liberar a sus legiones de frentes como el del norte de Hispania a fin de enviarlas al limes de Germania9. En efecto, «era preciso delimitar las fronteras, haciéndolas coincidir con la geografía más adecuada»10.

LA GUERRA ENTRE EL 29 Y EL 26 A. C.

Como anteriormente mencionamos, en el 29 a. C. tenemos a Statilio Tauro luchando contra vacceos, cántabros y astures. Vacceos y cántabros eran enemigos naturales, por lo que es extraño que combatieran en esta ocasión juntos. Esta forzada «alianza» es debida tanto a que los cántabros dominaban algunos territorios de los vacceos11, como a el profundo rencor que los vacceos guardaban hacia Roma desde tiempos de Sertorio12. Statilio obtuvo una victoria que le hizo valedor de la celebración del triunfo. En realidad la victoria fue bastante precaria, como lo demuestra el hecho de que tanto cántabros como astures se refugiaran en las montañas volviendo a plantear problemas poco después. Es cierto, sin embargo, que logró pacificar a las vacceos, para lo cual hubo de bastar únicamente, según Montenegro la presencia de un importante contingente romano que les hiciera recordar los reiterados castigos que anteriormente habían sufrido13. Es al parecer en este momento cuando se ubica un campamento Asturica14, convirtiéndose en una de las principales bases para las futuras campañas en la actual Asturias15.

Durante el año 28 a. C.16 la guerra continúa a cargo del legado Calvisio Sabino, cuyas campañas no conocemos en profundidad. Tal vez se dedicó a ejercer represalias contra algunas ciudades, ejerciendo a la vez una labor de contención a la espera de nuevos refuerzos17. Sea como fuere, también a Calvisio Sabino se le premió con el triunfo18.

A finales del 27 o principios del 26 a. C., Augusto llega a Tarraco, estableciendo allí su puesto de mando19. No obstante, todavía durante el 27 a. C. sería su legado, Sexto Apuleyo, el encargado de controlar la situación en el frente cántabro-astur, obteniendo por ello, una vez más, el triunfo20.

LA CAMPAÑA DE AUGUSTO

En el año 26 a C. Augusto se pone personalmente al mando de las operaciones. Al parecer, las legiones que participaron en la guerra a partir de este momento fueron: I Augusta, II Augusta, IV Macedonica, V Alaudae, VI Victrix, IX Hispana y X Gemina, según algunos autores como Schulten y Montenegro21, a las que otros autores suman la Legio XX Valeria Victrix22 y la Legio XXX23. Lo cierto es que, hasta hace sólo unos años, sólo se conocía el campamento de la Legio X Gemina, situado en Rosinos de Vidriales (Zamora), pero las últimas investigaciones tienden a situar el campamento de la Legio IV Macedonica en Herrera del Pisuerga. En efecto, han aparecido en este lugar abundantes materiales de tipo militar que permiten situar en Herrera dicho campamanto, si bien, por desgracia, todavía no se ha podido hallar la estructura campamental24. Igualmente se ha podido documentar el origen campamental de ciudades como Lugo y Astorga, y se ha descubierto en León una estructura de un campamento anterior al establecimiento conocido de la Legio VII Gemina25. Los autores que limitan el número de legiones a 7 -que en absoluto es un número despreciable– cifran el total de soldados en 70.000 entre legionarios y auxiliares26. Nos parece más acertada la opción de González Echegaray, quien arroja, para un total de 8 legiones una cifra de 50.000 soldados sin contar con los auxiliares27. No obstante todo lo anterior, es probable que no concurrieran todas las legiones y demás unidades en el momento de la llegada de Augusto al frente. Así, las legiones II y IV habrían llegado después de la marcha de Augusto, y quizá también la VI28.

La campaña presentaba numerosas complicaciones. Por un lado, la complicada orografía del terreno, falto además de vías de comunicación, que dificultaba los progresos del ejército romano. Otro problema al que se enfrentaban los romanos era el propio planteamiento bélico de los cántabros que, conscientes de su inferioridad en campo abierto, llevaban a cabo una lucha de guerrillas contra la que no estaba preparado el Ejército Romano. A esto habría que sumar la amplitud del frente en cuestión29, y aunque el dispositivo romano parece lo bastante amplio, lo cierto es que las campañas no estuvieron exentas de complicaciones.

El principal problema eran los cántabros, por lo que Augusto colocó su principal base de operaciones en Segísamo30. Con Segísamo tenemos ya un primer problema planteado; Schulten hace una diferenciación entre Segísama y Segísamo31. Para él la primera corresponde a la actual Sasamón, unos 30Kms. al oeste de Burgos, mientras que Segísamo, donde Augusto ubicó su campamento, estaría en el Cotarro de San Pedro, un cerro junto al río Brulles, a 1 Km. de Sasamón, donde, según el autor alemán había «muchos cacharros romanos». Teja identifica Segísamo con Sasamón32, mientras que Ramírez Sádaba opina que el campamento no se ubicó en Sasamón, pero sí en un lugar muy cercano, por lo que opina que Sasamón es válido como punto de referencia33. Mientras que Segísamo servía de base de operaciones, el Portus Blendius (Suances) era utilizado como punto de abastecimiento por la costa34.

Durante el año 26 a. C. la guerra se centra contra los cántabros. Al parecer, los astures no participaron en estas campañas35. Floro cuenta que el ejército romano fue dividido en tres cuerpos, mientras que la flota de Aquitania recibía la orden de atacar al mismo tiempo la costa36. Esta información no está exenta de problemas; inicialmente, autores como Montenegro afirmaron que uno de los cuerpos partía de Segísamo, con Augusto al mando 37, otra desde Asturica y una última columna desde Braccara. Sin embargo, el propio Montenegro se replantea después la cuestión, suprimiendo la columna de Braccara y planteando la posibilidad de que los clásicos se refieran a una táctica de triple línea por parte de las tropas al mando de Augusto38.

Según Floro39, la primera ciudad contra la que se luchó fue Bergidum. Desconocemos la ubicación de esta ciudad, a la que Orosio denomina Attica y que también aparece como Vellica y Bergida en otras fuentes40. Como hemos expuesto, Bergida y Vellica son la misma población, sin embargo Schulten las ubica en diferentes sitios. El autor alemán sitúa Vellica en el monte Cildá41, mientras que Bergidum la sitúa junto al pueblo de Cascabelos, a unos seis kilómetros al este de Villafranca del Bierzo, argumentando, además, que Bierzo viene de Bergidum42. Continúa explicando que la extensión de la ciudad era de unos quinientos metros a lo largo y unos doscientos a lo ancho, atribuyéndole una extensión de unas siete hectáreas. Teja también identifica Vellica con el monte Cildá43, y Santos Yanguas cree que está próxima a dicho monte44. Al igual que Schulten, Montenegro sitúa Bergidum – ya hemos dicho que ambos nombres designan a una misma ciudad – junto a Cascabelos45. Ballester sigue a ambos autores46, mientras que Ramírez Sádaba hace un recorrido por las diferentes teorías pero no se pronuncia a favor de ninguna de ellas47.

Al parecer, las tropas que atacaban Bergidum, al mando del legado Antistio, hicieron salir huyendo a los defensores de la ciudad. Floro cuenta que los asediados se refugiaron en el monte Vindio48, monte al que Orosio llama Vinio49. Según Schulten el monte Vindio es la sierra que divide León y Asturias50. A este respecto, González Echegaray opina que el monte Vindio no era simplemente una montaña, sino una larga sierra, como puntualiza Ptolomeo en su mapa, la cual identifica con los macizos de los Picos de Europa51. Sin embargo, Ramírez Sádaba piensa que, si bien topográfica y semánticamente el Mons Vindius podrían ser los Picos de Europa, no hay, en su opinión, fundamento toponímico que lo garantice52. Orosio nos cuenta que los refugiados en el Mons Vindius fueron asediados y el hambre acabó con ellos53.

La columna que partía de Segisamo, supuestamente presidida por Augusto, se adentró en Cantabria refugiándose los cántabros en Aracillum54. Con Aracillum tenemos un nuevo problema planteado, Schulten opina que la operación contra Aracillum – también aparece en las fuentes como Racilio y Aracelium – arrancó de Segísamo55, al principio del camino que siguiendo el curso del Pisuerga y entrando en la montaña cantábrica llega por Iuliobriga al Portus Blendius, en la actualidad ría de Suances. También Teja y Montenegro opinan que los romanos siguieron el curso del Pisuerga56. Pero, volviendo a Schulten, el autor alemán creía que Aracillum correspondía a la actual Aradillos, donde se encontró un recinto rodeado por un muro. Según Schulten, «como toda la superficie es prado, no se ven cacharros»57. Los historiadores han mantenido durante muchos años esta identificación, como así podemos comprobar por Teja o Montenegro58. Sin embargo, esto está siendo rebatido en los últimos años. A este respecto Ramírez Sádaba manifiesta que no hay fundamento lingüístico ni evidencias arqueológicas que permitan sostener la identificación Aracillum– Aradillos59. El mismo autor comenta que Aradillos es un diminutivo del verbo «arar», y recuerda que la microtoponimia de la zona no proporciona ningún nombre relativo a guerras, castros, ni siquiera a nombres prerromanos60. En este sentido, Peralta afirma que las prospecciones realizadas en el Prado Fontecha, al pie del monte de las Matas, y al norte del pueblo de Aradillos, obligan a descartar definitivamente esta zona, habiendo comprobado que los restos de muros en la ladera de las Matas corresponden a encerraderos de vacas61. Peralta ha lanzado la hipótesis de que el campo de operaciones estudiado por él en torno al Castro de la Espina del Gallego y el cercano campamento romano de Cildá pueda corresponder a este famoso episodio, identificando el castro de la Espina del Gallego con Aracillum62. Este castro ocupa una extensión de 3,2 hectáreas, y en él se encontró el barracón de una guarnición romana acantonada después de su conquista. El barracón pudo tener unos 100 metros de largo, habiéndose hallado un tesorillo de denarios de los que ninguno es posterior a la cronología de las guerras cántabras63.

Restos del barracón romano de La Espina del Gallego (Fuente: http://picasaweb.google.com/jbmedina/Espina_del_Gallego_y_Monte_Cild_16_2_2008/photo#5167938945564022450)

El campamento de Cildá se encuentra a unos dos kilómetros del castro. Es un recinto de unas 25 hectáreas, pero los reconocimientos aéreos y los trabajos de topografía han permitido descubrir un recinto central de cinco hectáreas, espacio suficiente para acampar una legión con sus auxiliares. El autor cántabro pone en relación con esto la existencia de un pequeño río, el León, en la zona. Según Peralta, es un hidrónimo derivado de Legio, al igual que la ciudad de León64. Desde la Espina del Gallego se puede divisar además el campamento romano de El Cantón, de 7.210 metros de extensión, con capacidad para 800 hombres, unas dos cohortes65. Posteriormente se descubrieron nuevos campamentos en la zona: en el monte denominado Campo de las Cercas, entre San Felices de Buelna y Puente Viesgo, se encontró un recinto campamental de 1 kilómetro de largo por 200 metros de ancho, ocupando una extensión de 18 hectáreas66; también en Palencia, en la localidad de Pomar de Valdivia tenemos el campamento del Castillejo, a unos 2,5 Kms al este del oppidum del monte Bernorio, así como en Burgos, en la Merindad de Sotoscuevas, sobre el cerro de la Muela, donde se descubrió otro campamento asentado sobre un poblado del Bronce Medio 67.

Vista aérea del campamento romano del Campo de las Cercas. (Peralta Labrador, 2001a, p. 35)

Lo que propone Peralta es que las legiones romanas avanzaron desde el sur, por el valle del Ebro, y pasaron la Cordillera Cantábrica por la Sierra del Escudo y el cordal montañoso que separa las cuencas del Pas y de Besaya. Mientras, las tropas desembarcadas en la costa avanzarían por el valle del Pas, no por el valle del Besaya como hasta hora se había mantenido, puesto que esta cuenca obligaría a los romanos a pasar por peligrosos desfiladeros, algo que ellos siempre evitaban68.

Fue al parecer durante los momentos previos al asedio de Aracillum cuando Augusto, cansado ya de ver como los cántabros rehuían el combate abierto, cayó enfermo69, retirándose a Tarraco y dejando la campaña en manos de su legado, Cayo Antistio Vetus. Al parecer, el padre de Antistio fue pretor de la Ulterior en el año 68 a. C., con César como cuestor, y todo apunta a que este Antistio sea el Vetus que, según Apiano, combatió a los salassos en los Alpes en el 33 a. C. Los cántabros refugiados en Aracillum fueron atacados conjuntamente por las tropas de Antistio que, como dijimos antes, habían partido de Segísamo, y por las tropas desembarcadas en el Portus Blendius (Suances) o en el Portus Victoriae (Santander)70. Tras un duro asedio, los romanos consiguieron tomar Aracillum, pero tuvieron que pagar un alto precio en bajas causadas por el frío y la escasez, además de sufrir una plaga de ratas71. Parece que finalmente los romanos lograron controlar los principales centros cántabros orientales como Amaya y Bernorio72.

Las supuestas campañas en Gallaecia tampoco están exentas de problemas. El principal de ellos es localizar el Mons Medullius del que tanto Floro como Orosio hablan, mencionando este último que se levantaba sobre el río Miño73. Schulten situaba el Medullius en el actual monte San Julián, a siete kilómetros de Tuy, cerca de la boca del Miño74. Al parecer, en este monte el historiador alemán encontró «un recinto muy extendido formado por una fuerte muralla». Inicialmente Montenegro siguió a Schulten y mantuvo que las tropas romanas ubicadas en Braccara se dirigieron sobre Lucus, actual Lugo, para continuar más al norte, donde asediaron el Mons Medullius75. Esta explicación fue seguida por otros autores, como Ballester76, sin embargo, el propio Montenegro se mostró más prudente poco después , admitiendo que Lucus era territorio ya conquistado anteriormente, como así lo demuestra el hecho de que, en el 45 a. C. se levantara allí una estatua en honor a César77. El propio Montenegro repasa las diferentes posturas a favor y en contra de la inclusión de la actual Galicia en estas guerras. Para Ramírez Sádaba no hay una razón objetiva que demuestre que el Medullius sea el Castro de San Julián como aseguraba Schulten78. Tampoco está de acuerdo con posteriores estudios que situaron el Medullius en territorio estrictamente cántabro, concretamente en Peña Sagra79, por ser, según Ramírez Sádaba, lingüísticamente insostenible80. Ramírez Sádaba niega, en definitiva, la intervención de los galaicos en la guerra, opinando, por el contrario, que todos los topónimos citados en las fuentes deben buscarse, en principio, en territorios históricamente cántabros, incluido el Mons Medullius81.

Últimos hallazgos en Cantabria. Peralta Labrador (2001a, p. 23).

Orosio explica que los romanos rodearon el Medullius con un foso de quince millas82.Los sitiados se suicidaron83, según el propio Osorio, por miedo a la esclavitud. Por otra parte, Carisio había rodeado a los astures en Lancia, ciudad que tomó al asalto. Schulten localizó Lancia en el cerro de Lance, junto al pueblo de Villasabariego, entre los ríos Parma, al oeste, y el Esla, al norte84. Explica que la ciudad tenía una extensión de 1.000 metros de norte a sur y de 200 a 500 metros de este a oeste, habiéndose encontrado una calle empedrada de norte a sur, así como muchos restos romanos85.

Aunque la conquista de Lancia no supuso el final de la resistencia astur, pues se registraron nuevas campañas contra ellos en los años 24 y 22 a. C.86, parece haber sido entonces cuando los romanos obligaron a los astures a descender a las llanuras y asentarse en su campamento, que pasaría a ser ciudad con el nombre de Asturica Augusta87. Tras estas campañas, Carisio recibió el encargo de fundar Emerita Augusta para sus veteranos de la Legio V Alaudae y X Gemina88.

LA ÚLTIMA RESISTENCIA

A finales del 25 a. C., Augusto abandonó Tarraco para regresar a Roma, donde cerraría las puertas del Templo de Jano como símbolo de que reinaba la Paz. Nada más lejos de la realidad; tan pronto como Augusto abandonó la Península, los cántabros y astures se sublevaron de nuevo. Augusto había dejado como legado de la Lusitania a Carisio, y como legado de la Citerior a Lucio Aelio Lamia. Éste último se enfrentó a los sublevados con desigual éxito durante los años 24 y 23 a. C. En el año 22 a. C. se desarrollarían nuevos enfrentamientos. Según Dión Casio, los astures no soportaban el orgullo y la crueldad de Carisio, el legado de Lusitania89. Mientras, el ejército que vigilaba a los cántabros, al mando de Cayo Furnio, actuó rápidamente contra los cántabros y acudió en ayuda de Carisio. Los astures fueron controlados fácilmente, pero los cántabros resistieron, por lo que, tras ser vencidos poco después, muchos de ellos fueron vendidos como esclavos a señores de las Galias y muchas de sus ciudades arrasadas90. En el año 20 a. C., muchos de los cántabros vendidos a señores de la Galia se sublevaron y tras matar a sus dueños volvieron a sus montañas y se hicieron fuertes en ellas. Augusto, harto de las continuas sublevaciones, envió a su mejor general, Agripa, que llegaría a la Península en el 19 a. C. En apoyo de Agripa vendrían los propretores Cayo Furnio y Sexto Quirinal, así como por el legado que gobernaba la Tarraconense, P. Silio. El ejército romano se internó en la montaña comenzando con ello una difícil campaña en la que los romanos sufrieron muchas bajas. Aunque el pánico cundió entre las legiones, llegando Agripa a retirar el nombre de Augusta a una de ellas, finalmente los rebeldes fueron dominados y sufrieron una represión despiadada, incluyendo el exterminio de todos los varones en edad militar, la destrucción de sus castros y la obligación al resto de la población de descender a la llanura91. Al parecer, en el año 16 a. C. hubo nuevas revueltas bajo el consulado de C. Furnio y C. L. Silano, pero según Schulten y Montenegro, no revistieron mayor importancia92.

BIBLIOGRAFÍA

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NOTAS

1 Orosio, VI, 21, 3; Floro, II, 33, 47. Schulten (1962, p. 155) presenta únicamente este motivo.

2 Teja, 1981, p. 66,

3 Montenegro, 1986, p. 175.

4 Floro, II, 33, 60. Si bien es cierto que la proporción de oro de los yacimientos explotados en época romana era muy reducida, calculando una obtención de oro de 230 Tm, habiendo removido unos 580 millones de m3 de tierra (Mangas-Orejas, 1999, pp. 296-297).

5 Montenegro, 1986, p. 176.

6 Montenegro, 1978, p. 256; 1986, p. 176; Teja, 1981, pp. 63-64; Peralta, 2000, p. 11, etc.

7 Ballester, 1989, p. 218. Schulten (1962: 115) opina que la sublevación cántabra- astur del 29 a. C. podría estar en conexión con la insurrección en la Galia durante los años 29-28 a. C., argumentando que entre aquitanos y cántabros había relaciones muy estrechas.

8 González Echegaray, 1999, p. 155.

9 Montenegro, 1986, p. 176; Mangas, 1991, p. 43; Peralta, 2000, p. 11.

10 González Echegaray, 1999, pp. 153-154.

11 Schulten, 1962, p. 156; Montenegro, 1978, p. 257; 1986, p. 175.

12 Montenegro, 1978, p. 257; 1986, p. 176. No vamos a atribuir esta unión entre vacceos y cántabros a la «hermandad» que según Ballester ( 1989, p. 220) se profesaban ambos pueblos, sin embargo, no es raro ver, a lo largo de la Historia, como tradicionales enemigos se unen a fin de combatir a un enemigo común mayor.

13 Montenegro, 1978, p. 257; 1986, p. 175.

14 Pese a algunos debates al respecto, las últimas excavaciones han demostrado el origen campamental de la actual Astorga (Mangas-Orejas, 1999, p. 294).

15 Montenegro, 1978, p. 257; Ballester, 1989, p. 220.

16 En junio, según Schulten (1962, p. 156).

17 Montenegro, 1978, p. 258; 1986, p. 176.

18 Recordamos que, para obtener el triunfo, la guerra debía ser “justa” y tenían que haber muerto más de 5.000 enemigos (Roldán Hervás, 1996, p. 19). Si bien esto se incumplía habitualmente, sobre todo en época imperial.

19 Schulten, 1962, p. 157; Montenegro, 1978, p. 258; 1986, p. 178.

20 Montenegro, 1986, p. 178.

21 Schulten, 1962, p. 148; Montenegro, 1978, p. 258; 1986, p. 178.

22 González Echegaray, 1999, p. 162; Peralta, 1999a, p. 203.

23 Peralta, 1999a, p. 203.

24 Peralta, 1999a, pp. 203-204.

25 Peralta, 1999b, p. 207.

26 Montenegro, 1978, p. 258; 1986, p. 78; Teja, 1981, p. 64; Ballester, 1989, p. 221.

27 González Echegaray; 1999, p. 162. Schulten (1962: 148) al que suponemos que sigue Montenegro, hace el cálculo en base a 5.000 hombres por legión. En realidad, la cifra debería se superior a los 80.000 hombres contando a los auxiliares puesto que, tras la reforma de Mario, la legión pasó a tener 6.000 soldados (Roldán Hervás, 1996. p. 50). Mangas, más prudente, recuerda que si bien una legión, en época de Augusto, estaba oficialmente compuesta por 6.200 hombres, realmente la cifra solía oscilar entre los 5.000 y los 8.000 soldados (Mangas, 1991, p. 35).

28 González Echegaray, 1999, p. 162.

29 Si bien Schulten (1962, p. 148) como Montenegro (1978, p. 25) y Ballester (1989, p. 220) fija en 400 kilómetros la longitud del frente, éste ha estado sometido a revisión constantemente, dando lugar a numerosas hipótesis tanto en cuanto a su amplitud como a la identificación de los topónimos que en las fuentes clásicas aparecen. El propio Montenegro (1986, pp. 179-182) nos ofrece una revisión del tema.

30 Orosio, VI, 21, 4; Floro, II, 33, 48.

31 Schulten, 1962, pp. 164-170.

32 Teja, 1981, p. 64.

33 Rámirez Sádaba, 1999, p. 177.

34 Estrabón, III, 4, 18; Montenegro, 1978, p. 259.

35 Montenegro, 1978, p. 260.

36 Floro, II, 33, 48. Según Montenegro (1986, p. 183) la flota Aquitana seguramente transportaba a la Legio IX Hispana. Peralta (1999b, p. 210) cree que estas tropas eran parte del ejército utilizado por Valerio Mesala Corvino para aplastar la sublevación de los aquitanos en el año 28 a. C.

37 Montenegro, 1978, p. 260; Teja, 1981, p. 64. Schulten ( 1962: 158-159) dice que anteriormente Augusto ya se había retirado de Cantabria.

38 Montenegro, 1986, p. 183.

39 Floro, II, 33, 49.

40 Orosio, VI, 21, 5.

41 Schulten, 1962, p. 229.

42 Schulten, 1962, pp. 162-163.

43 Teja, 1981, p. 64.

44 1999, p. 112.

45 Montenegro, 1978, p. 260; 1986, p. 181.

46 Ballester, 1989, p. 220.

47 Ramírez Sádaba, 1999, pp. 183-185.

48 Floro, II, 33, 49.

49 Orosio, VI, 21, 5.

50 Schulten, 1962, p. 164.

51 González Echegaray, 1999, p. 169.

52 Ramírez Sádaba, 1999, p. 286.

53 Orosio, VI, 21, 5.

54 Floro; II, 33, 49; Orosio; VI, 21, 5.

55 Schulten, 1962, p. 171-172.

56 Teja, 1981, p. 64; Montenegro, 1986, p. 184.

57 Schulten, 1962, p. 171.

58 Teja, 1981, p. 64; Montenegro, 1986, p. 184.

59 Ramírez Sádaba, 1999, p. 179.

60 Ramírez Sádaba, 1999, p. 180.

61 Peralta, 1999a, p. 208; 1999b, p. 207. Recordamos que el autor publicó en el año 2000 la muy recomendable Los Cántabros antes de Roma, obra que no es citada en la bibliografía por no haber sido utilizada en la redacción original de éste somero resumen y que posteriormente se reeditó con nuevas aportaciones.

62 Peralta, 1999a, pp. 264-265; 2001a, p. 40.

63 Peralta, 1999b, pp. 197-201.

64 Peralta, 2000, pp. 18-19.

65 Peralta, 2000, p. 20.

66 Peralta, 2000, p. 22.

67 Peralta, 2001b, pp. 176-178.

68 Peralta, 1999b, pp. 208-210; 2000, p. 23.

69 Como bien apunta Ballester (1989, p. 221), Augusto tendía a «enfermar» cuando las situaciones se complicaban en extremo.

70 Schulten, 1962, p. 229; Montenegro, 1978, p. 260; 1986, p. 184; Teja, 1981, p. 64.

71 Estrabón, III, 4, 18.

72 Montenegro, 1978, p. 260; Teja, 1981, p. 64.

73 Floro, II, 33, 50; Orosio, VI, 21, 7.

74 Schulten, 1962, p. 174.

75 Montenegro, 1978, p. 261.

76 Ballester, 1989, p. 221.

77 Montenegro, 1986, p. 181.

78 Ramírez Sádaba, 1999, 183.

79 Ramírez Sádaba cita a. Martino, E ( 1982).: Roma contra cántabros y astures. Nueva lectura de las fuentes. Santander, pág. 107.

80 Ramírez Sádaba, 1999, p. 187.

81 Ramírez Sádaba, 1999, pp. 191-192.

82 Orosio, VI, 21, 7, 8. Teniendo en cuenta que una milla romana equivale a 1.478,5 metros, la distancia resultante es de 22,177 Kms.

83 Las fuentes romanas suelen atribuir este final a los pueblos bárbaros. Es posible que en realidad no se suicidaran.

84 Schulten, 1962, pp. 179-180.

86 Montenegro, 1978, p. 261.

87 Schulten, 1962, pp. 183-184.

88 Dión Casio, LIII, 25; Schulten, 1962, pp. 183-184; Montenegro, 1986, p. 184.

89 Dión Casio, LIV, 5.

90 Montenegro, 1978, p. 262; 1986, p. 187.

91 Schulten, 1962, p. 189; Montenegro, 1978, p. 263; !986, pp. 187-188.

92 Schulten, 1962, p. 189; 1986, p. 189.

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10 comentarios »

  1. Creo que sobre los ciertos o posibles campamentos romanos está mucho por hacer e investigar. En Galicia, además de los consabidos de Baños de bande y Ciudadela, creo que puede haber otros, incluso próximos a castros grandes superiores en perímetro a los 200 metros; que podrían haberse levantado para asediarlos,

    Comentario por nogueira — octubre 27, 2008 @ 10:31 am

  2. Hola, quería preguntarte si has efectuado alguna exploración dee este posible campamento, al igual que el de Moyapán..

    saludos

    Comentario por diviciaco — diciembre 21, 2009 @ 3:44 pm

  3. Diviciaco:

    No, no he visitado el lugar. Es más, ni siquiera he visto fotografía aérea alguna. ¿Lo tienes localizado? Si es así, te agradecería que me orientaras.

    Un saludo.

    Comentario por viapraetoria — diciembre 21, 2009 @ 7:46 pm

  4. Si, lo tengo localizado, era bastante conocido (como castro) te mando unas fotos y un artículo, si me dices a donde..

    Comentario por Diviciaco — diciembre 21, 2009 @ 10:30 pm

  5. Te mando un correo al mail con el que firmas los comentarios.

    Comentario por viapraetoria — diciembre 21, 2009 @ 10:43 pm

  6. Gracias por citar la fuente de mi foto. ¡Cómo me alegra que sea de utilidad! Interesante tu artículo.

    Comentario por juan bautista — diciembre 16, 2012 @ 6:37 pm

    • Gracias a tí por colgarla. Por cierto, colaboré a poner el cercado que sale en tu foto. Veo que no duró demasiado…

      Un saludo.

      Comentario por viapraetoria — diciembre 17, 2012 @ 7:31 am

  7. […] Las guerras cántabras. Viapraetoria.wordpress.com. […]

    Pingback por El monte Medulio, símbolo de la resistencia celtibérica contra los invasores romanos | Un ecologista en El Bierzo — septiembre 13, 2015 @ 10:35 am


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