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Villa Iovis (Capri)


Puedes ver información de utilidad para moverte por los yacimientos de Campania aquí:

¡Campania! Guía de viaje… arqueológico.

“En su retiro de Capri ideó incluso unos aposentos, sede de obscenidades secretas, donde grupos de muchachas y de jóvenes licenciosos reclutados por doquier, junto con aquellos inventores de ayuntamientos monstruosos a los que llamaban espintrias, unidos de tres en tres, fornicaran sucesivamente ante su vista, para excitar de este modo sus apagados deseos. Instaló alcobas por todas partes y las adornó con cuadros y estatuillas de los más lascivos asuntos, equipándolas además con los libros de Elefántide, para que todo el mundo tuviera, al ejecutar su cometido, un modelo de la postura que se le ordenaba tomar. Se le ocurrió también disponer en bosques y prados diversos parajes consagrados a Venus, y distribuir por cuevas y grutas jóvenes de uno y otro sexo que se ofrecían al placer vestidos de faunos y nifas; de ahí que todo el mundo le llamara ya abiertamente “Caprineo”, haciendo un juego de palabras con el nombre de la isla”.

Suetonio, “Vida de los doce Césares”, III, 43, 1-2.

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“Aún puede verse en Capri el lugar donde realizaba sus torturas; desde allí ordenaba arrojar al mar en su presencia a los condenados, después de haberlos sometido a largos y refinados tormentos; un grupo de marineros recogían luego los cadáveres y los destrozaban a golpe de bicheros y de remos hasta que no les quedara el menor aliento. Había ideado, además, entre otras formas de suplicio, la de hacerles ingerir con artimañas una gran cantidad de vino y de repente ligarles sus partes naturales, para someterlos así al doble tormento de las correas y de la retención de orina”.

Suetonio, “Vida de los doce Césares”, III, 62, 2.

Las citas en: Suetonio, Vida de los doce Césares, Libros I-III. Traducción y notas de Rosa Mª Agudo Cubas. Ed. Gredos, Madrid, 2001.

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